domingo, 16 de noviembre de 2008

Televisión

Ah... La televisión. No puedo quejarme, me encanta estar pegado y mirar tonterías. Seguramente por la misma razón que a todos. No nos hagamos. Realmente nos encanta evadirnos del jodido mundo de guerras, de narcos, de secuestros, de políticos de mierda, de farsantes culeros, de la crisis económica.
¿Saben qué es lo más pinche? ¿Lo de verdad imperdonable?
Que unos pendejos con poco seso nos vengan a decir que no nos preocupemos, que siempre hemos aguantado vara, como buenos mexicanos. Pendejos y agachones.
Les propongo, queridos amigos, que cuando, por alguna razón (que no es tan poco probable)veamos a alguno de esos mercachifles infames de la tele, con todo nuestro soberano derecho que nos asiste, simple y llanamente le rayemos su madre.
Si alguien se ofendió por lo procaz de mi lenguaje, pues sorry, pero lenguaje es.
No dejen de seguir a este autor. Sus columnas son ácidas. Mordaces. Algo que hace mucha falta, con tanto lambiscón en los medios de comunicación.

Las ideas

Tiene razón uno de mis fans, cuando cuestiona sobre la bibliografía sobre la cual me apoyo para mi teoría del pensamiento y los sueños como resquicios de nuestra regurgitación constante. Efectivamente, he de colocar más adelante las referencias; más no espere el lector que esto se vuelva un recipiente de libros leídos por un servidor. Mi universo literario es demasiado vasto, y no cabría en esta página tan sólo una décima de mis autores. Además, no es el objetivo. Recuerden ustedes que se trata de una tertulia, de una aventura del pensamiento y las ideas. No somos exigentes con el resultado, más sí esperamos disfrutar de nuestra práctica humana. Sigan, pues disfrutando de mi teoría. Es gratis. Es para ustedes.

lunes, 3 de noviembre de 2008

EL MUNDO SEGÚN CARLOS

La aparición de conceptos y los sueños que derivan en pesadillas. Los conceptos aparecen pragmáticamente. Esto es, definen el mundo que nos rodea, para estar en él, interactuar con el mundo. En principio es apenas esa sensación borrosa que además, está acompañada de el afecto concerniente a la satisfacción de una necesidad. Si la necesidad es satisfecha, entonces, valoramos aquello como "bueno" y si no lo es, entonces, tendrá el valor de "malo". Así de binaria es nuestra capacidad para axiomatizar el mundo. Todo aquello en lo que pensamos, todo lo que construímos, puede tener tan sólo, uno de dos valores, con cierta intensidad. El sentimiento que nos produce la relación de afecto con el objeto, será la parte inherente al concepto construído. No se puede pensar en un objeto, sin haberlo valorado. El valor es de carácter irreductiblemente afectivo, pues supone satisfacción de necesidades; y si bien, no todo lo que me rodea existe para satisfacer mis necesidades entonces, lo he de valorar vagamente. Será aquello que para mí, no existe. Es "lo otro". Aquello que siempre está ahí, lo que nos causa extrañeza. Este mundo se extenderá a medida que el bebé se mueve y se relaciona con él y en él. Podemos decir, que aquello que es desconocido, es vagamente valorado, y por lo tanto, inconcluso, lo cual nos representa ansiedad. Ansiedad de definir afectivamente aquel bosquejo. Si el pensamiento o la reconstrución del mundo, no cesa, aún cuando dormimos (carácter regurgitador del pensamiento), entonces, aquello que está inconcluso exige su valoración.

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